domingo, 1 de abril de 2012

Los rostros de la poesía

Cuando nos enfrentamos a preguntas como ¿qué es la poesía? o ¿qué es es lenguaje?, no podemos dejar de pensar en consabidas frases como “el lenguaje poético en la obra de fulano”, con lo que se nos da un indicio de que una cosa y la otra no son lo mismo. Nada nuevo, casi todo el mundo lo sabe; otra cosa es qué tan consientes somos de la frontera entre ambos, si es que la hay, o en nuestros días definir qué es lenguaje. Citaremos algunos ejemplos: el lenguaje de señas, el lenguaje corporal, la matemática. Luego, ¿es posible la existencia de la poesía en tales lenguajes? Empecemos por el lenguaje de señas. Escribir en braille un poema no parece tan complicado como traducirlo al lenguaje de señas, pero a lo mejor este último resulta más natural que el primero, con lo que desembocamos en el lenguaje corporal, y allí fácilmente podríamos pensar que la poesía traducida al lenguaje corporal se convierte en danza. En nuestra breve lista está la matemática, que comúnmente se le llama el lenguaje de las ciencias, por lo que es posible descubrir poesía en ella, desde los poemas sencillos de la aritmética, la elegancia de la geometría, las maravillas del cálculo infinitesimal o las odas de los teoremas seriales.
En la presente vigilia nos abocaremos a otear la poesía de una isla lingüística, ya que no un fósil, hablada por una numerosa comunidad en no pocos países de Europa, Asia y América. Nos referimos al ladino, también llamado judeo-español. Hablado en Grecia, Bulgaria, Turquía, Marruecos e Israel, por citar algunos de los países en donde tiene presencia. Posee incluso un centro general, por decirlo de alguna manera, que es la Autoridad Nacional Ladina, en Israel. Tomaremos como ejemplo una poesía de Margalit Matitiaihu, poetiza israelí con una cuantiosa producción en ladino.
¿Qué nos ha llevado a esta idea? Pues bien, el ladino es una lengua nacida en España, y por ende, al leer los poemas y comprobar cuán similar es con el español, cabe preguntarse si su ritmo y musicalidad interna, su manejo de imágenes es asimismo similar, y con ello explorar de cerca otro de los rostros de la poesía, y ver de paso, qué ha sido de esa lengua que hace 520 años debió abandonar su lugar de origen para dispersarse por el mundo, allí donde fuese bien recibida.

Veamos entonces que descubrimos en el engranaje interno del poema La memoria, sirviéndonos del lenguaje de la música, que es parte inseparable del lenguaje hablado y que mediante la métrica propicia una especie de partitura poética. Así, igual que en una obra musical, es posible ver los temas de donde se hacen las variaciones. En nuestro intento usaremos aspectos meramente melódicos. Para empezar, contemos las sílabas por verso:


LA MEMORIA

Una mano de hesito espando a la memoria 14
atando en ella siete caballos feridos 13
saltando entre luz y tiniebla, 9

El tiempo 3
es una eluenga cortada, 8
enfrente de mi 5 + 1 = 6
se debate y desparece. 8

La memoria se espande, 7
deviene velas palpando, 8
yo me encolgo en ellas 6
entregandome a la direccion 9 + 1 = 10
del corriente foturo. 7

Supito 3
las linias del aver se vaciaron del oxigeno. 15 - 1 = 14

Mi puerpo viene acudir, 7 + 1 = 8
va teshendo una resha 7
por mantener a la memoria 9
en el momento de la caida. 10

Podemos ver que la métrica más usada es la octosilábica, que es asimismo una de las más comunes en la poesía española. De los dieciocho versos, siete pertenecen al denominado arte mayor, once al menor. Todo esto nos dice que aunque usa una versificación libre con la ausencia de rima propia del verso blanco, podemos rastrear elementos comunes a la tradición española.

Ahora intentemos ver cual es la música del poema, cuál es su melodía. Así que agrupemos los versos no tanto siguiendo lo propuesto por la agrupación gramatical y poética, sino por el fraseo connatural al lenguaje, siguiendo los parámetros que ya habíamos usado en el artículo, La secreta música de la poesía. Como entonces, hacemos una propuesta:


LA MEMORIA

Una mano de hesito* espando a la memoria *
atando en ella* siete caballos feridos*
saltando* entre luz y tiniebla.*
El tiempo *
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas
entregandome* a la direccion
del corriente foturo.
Supito *
las linias del aver*se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener a la memoria *
en el momento de la caida. *


Luego, reordenando los versos con nuestra propuesta de fraseo musical, tenemos:

LA MEMORIA

Una mano de hesito*
espando a la memoria *
atando en ella*
siete caballos feridos*
saltando*
entre luz y tiniebla.*
El tiempo*
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas entregandome*
a la direccion del corriente foturo.
Supito *
las linias del aver se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener a la memoria *
en el momento de la caida. *

Y finalmente, reduzcamos todo a la versificación del arte menor, que es la que hemos visto que predomina:

LA MEMORIA

Una mano de hesito*
espando a la memoria *
atando en ella*
siete caballos feridos*
saltando*
entre luz y tiniebla.*
El tiempo
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas
entregandome*
a la direccion
del corriente foturo.
Supito
las linias del aver
se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener
a la memoria *
en el momento
de la caida. *

Así, proponemos esta versificación como aquella raíz connatural al español y al ladino en versificación blanca y de rima libre.

Hasta la próxima vigilia.

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