sábado, 15 de diciembre de 2012

LA EXPANSIÓN DEL MUNDO EDITORIAL EN COSTA RICA



Curiosamente, en este que llaman período de crisis, y en el que las editoriales se ven muy afectadas, según los expertos, en Costa Rica se da una boyante producción editorial. Si bien es cierto que ahora notamos la suma de las partes con más claridad, ya desde muchos años atrás, muchas nuevas editoriales habían venido cimentándose en el espectro literario costarricense, complementando o ampliando la gama de las editoriales tradicionales. Este movimiento, que va desde grupos editoriales pequeños a medianos, ha ido asimismo ganando peso en el mercado centroamericano, e incluso, algunos poseen distribución mundial mediante portales como Amazon.


Con la imposibilidad de mencionar a todas las editoriales, mencionaré  solo algunas como muestra de lo anterior.

Ediciones Perro Azul: es una de las más antiguas de esta breve lista. Cuenta entre sus autores publicados a Alexander Obando, premio Aquileo Echeverría.

Editorial Andrómeda: cuenta con escritores muy activos en el ámbito costarricense. Esta es su pagina: http://www.edicionesandromeda.com. Es de las editoriales que aceptan publicar poesía (que no es algo general), y a modo de ejemlo, tenemos el caso del poemario "Resabios", de Luissiana Naranjo.

Editorial Arboleda: otra de las editoriales que se atreve a publicar poesía. En su catálogo cuenta con destacados escritores como Miguel Fajardo, Adriano Corrales, y Alexander Obando.

Uruk Editores: cuanta con autores premiados, como Warren Ulloa. Tiene presencia en Centroamérica. 


Ediciones Lanzallanas: fundada en el 2009, Lanzallamas se presenta como una alternativa editorial interesante tanto por su estética como por su afán impugnador.

Este precoz panegírico del nuevo movimiento editorial costarricense, es desde luego apenas un atisbo, un abrebocas para quines deseen ahondar en el tema o consideren publicar. Los tiempos no son peores que antaño, por el contrario, son mucho más diversificados, y si bien no todo lo que brilla es oro, la red editorial cada día mayor.

Por último, aquí les dejo un enlace en donde podrán contactar a muchos de los escritores que publican en estas y otras editoriales costarricenses.


Y no olvidemos, que una de las partes más esenciales de la literatura, aquella que la justifica, que posibilita el intercambio sine qua non, son los lectores, ustedes, queridos lectores.


domingo, 14 de octubre de 2012

ESTE ES MI CREDO



Solitario, pero no con esa soledad de quien rehuye el contacto con su prójimo, aislado en la vacuidad de su ego, sino con la emoción de quien se levanta de madrugada a limpiar la casa para todos aquellos que quieran traspasar sus puertas francas. Así es Mauricio Vargas Ortega, un poeta inclasificable dentro de la norma literaria costarricese, y que desde sus inicios, sin importarle los golpes de la experiencia, ha sabido acercarse a una senda distinta, límpida, por donde transitan las grandes luces de la poética mundial. Mauricio escribe constantemente, y ello lo ha llevado a poseer, a esa edad de los tempranos filósofos, una nutrida obra que incluye el ensayo y el relato testimonial, amén de su amada poesía. Extenderse en otra cosa que no sea su obra es necedad, desvirtuar la palabra con las debilidades humanas, así pues vayamos a su obra, en este caso, uno de sus últimos poemas, que tratremos de leer entre líneas, y así develarlo hasta donde nos sea posible. Leamos el poema:


Credo

Captar el sonido de una noche silenciosa.
Ver, en la total obscuridad,
las siluetas que tendrán las imágenes futuras.
Dormir sin sueño,
caminando por las calles conocidas.
Evadir los mismos diálogos
con distintos comensales.
Manifestar mi insatisfacción fingida
por este cuerpo físico.
No confesar nunca el origen real de este flagelo.
Invocar a Dios cada mañana
con la imagen de mi madre en el espejo.
Es este mi credo,
mi profesión en tiempos de sequía.
Detener en la visión de los florecidos árboles
la esencia de estos ojos y esta dicha.


Y ahora haremos un intento por ingresar a esa casa que Mauricio ha preparado para nosotros. Dejemos que sea la pregunta la que guíe nuestra intención hacia los sabores de lo inconmensurable


Captar el sonido de una noche silenciosa.
Percibimos la realidad a través de nuestros sentidos, lo que oímos, por ejemplo, es la interpretación de nuestro cerebro de la información que hay “allí afuera”. Pero luego, ¿qué es la noche? ¿Es simplemente oscuridad en los cielos? ¿Y qué son “los cielos? ¿Hay la noche o las noches?

Ver, en la total obscuridad,
¿Qué “ojos” miran esa “oscuridad”? ¿Total?  ¿Nos habla del anhelo de transformar la “dureza del corazón” para que la luz penetre?

las siluetas que tendrán las imágenes futuras.
¿Y qué tiempo existe en esa oscuridad? ¿No es ese futuro el devenr de la luz que finalmente nos tocará cuando nuestro corazón de piedra sea vencido?

Dormir sin sueño,
caminando por las calles conocidas.
¿Camina el deseo, latente, por la realización del sueño? 

Evadir los mismos diálogos
con distintos comensales.
¿Todo es lo mismo en la realidad total, vencida la ilusión de la materia?

Manifestar mi insatisfacción fingida
por este cuerpo físico.
¿Hemos visto el egoísmo en el espejo riéndose de nosotros, de los burdos deseos de la carne que como tesoros anhelamos?

No confesar nunca el origen real de este flagelo.
¿Quén entenderá, ceñido en su propio flagelo, el flagelo del vecino? ¿Cuándo veremos que el dolor de mi vecino es mi dolor, como el mío el suyo, que somos uno?

Invocar a Dios cada mañana
con la imagen de mi madre en el espejo.
No hay pregunta, porque no hay duda: elevar mi intención hacia lo eterno, hacia lo único, otorgando el amor que he recibido, como un niño que anhela el vientre materno, o Adán retornando al paraíso, y sabe que las llaves del jardín es otorgar al prójimo.

Es este mi credo,
mi profesión en tiempos de sequía.
Detener en la visión de los florecidos árboles
la esencia de estos ojos y esta dicha.


He escuchado, incluso de destacados prosistas, decir que no entienden la poesía, y por eso la evitan. No vale la pena extenderse en este punto, pero sí deseo comentar que para “comprender” la poesía la razón no basta. Así, quien se vale solo de la racionalidad encontrará siempre las puertas cerradas. La esencia de la poesía es irracional (aunque no la locura),  es un abrirse a lo inconmensurable y permitir que nos toque. Solo entonces podremos paladear los sabores que la poesía desea darnos. Pero esa cercanía con la locura, con lo irracional y simplemente caótico, que se traduce entre otras formas en la estética del absurdo, engaña como un falso prefeta. En nuestro caminar en el mundo nos enfrentamos a diversas etapas del desarrollo, y esto lo sabe el artista sobremanera, de ahí que aunque haya espinas, el premio de la rosa, para usar un lugar común por todos conocido, vale la pena del viaje. En nuestro ser, el contraste de la luz y la oscuridad nos brinda, como con el bien y el mal, la posibilidad de conocer a través de la experiencia, con sus consecuencias. Pero llega un momento, en el que el deseo por lo sublime es superior al deseo por lo perecedero, terrenal, que satisface nuestros apetitos egoístas. Cabe preguntarse si nuestro poeta, Mauricio Vargas, ha llegado a ese punto. Yo confío en que sí, pero ese deseo, igual que un pétalo de rosa, sí, otra vez la rosa, debe desarrollarse hasta poder mostrar la gloria de sus delicias. Mauricio lo está haciendo, caminando por el sendero de la poesía imperecedera. ¿Y quén entiende este dilatado anhelo de ascenso? Esa pregunta no aflije a Mauricio, pues el sabe que la poesía encuentra sus lectores cuando éstos están preparados, cuando han finalizado ese rito de iniciación que es la vida, y puede entonces ver en la oscuridad las luces futuras.

domingo, 3 de junio de 2012

Invocaciones de la carne e invocaciones del alma





Amigas y amigos: les anuncio que a finales de junio del 2012 saldrá mi nuevo libro "Invocaciones" publicado por la Editorial Arboleda. Entre tanto, les dejo este adelanto para quien desee iniciar su lectura.
¡Cordiales saludos!

http://leyendoamanuel.blogspot.de/2012/06/selecciones-del-libro-primero-pajaro.html

sábado, 26 de mayo de 2012

La fijeza de los deseos





Dentro del movimiento poético costarricense contemporáneo, nos encontramos casos destacados como el poeta Gustavo Solórzano Alfaro, que por la naturaleza de su obra poética, abaza más lo contemporáneo que lo costarricense, y esto no es de ningún modo negativo, por el contrario, su obra  lleva lo costarricense (por así llamar a un “sabor literario” como podríamos decir lo argentino o lo hundureño) a lo contemporáneo, usando para ello, en beneficio de la buena literatura, no los estereotipos sino la frescura de pensamiento. En esta temprana poesía, sin embargo, Gustavo más que por el intelecto se decanta por lo emocional, por lo íntimo, abriendo, para quien es capaz de ver, los secretos de su corazón. En cuanto a lo contemporáneo, más adelante volveremos sobre el tema.
“Fijeza de los trenes” no solo es una confesión, sino un deseo hecho palabra, que se conecta con cada uno de nosotros, puesto que, aunque sea secretamente, todos tenemos deseos semejantes. Pero antes de decir algo más, leamos el poema:
Fijeza de los trenes
I
Me vengo fijando desde hace mucho.
Doy vueltas,
acaricio cada contorno de piedra y sal,
y yo me fijo y no hay nada.
Nada que pueda hacerme sentir de otra manera.
De otra forma menos ligera y tranquila.
¿Te has fijado?
Mira cómo puedo quedarme:
fijo en un punto,
en un punto sin salidas ni senderos,
sin otra aspiración que quedarme sentado,
esperando,
hastiado de mí mismo,
como una estatua, un lecho,
un árbol sin ramas ni raíz.
La fijación se me vuelve una angustia
y la angustia una apatía
y la apatía empieza a enojar mis manos
y mis manos también se quedan mudas,
fijas y absortas,
moderadas y abiertas.
Deambulo por estas calles
con los pitos de los carros
queriendo fijarse
en mis oídos.
Y me quedo fijo de nuevo:
fijación siempre.
La fijación no es un instante.
La fijación es toda la vida.
II
¿Por qué te quedas en el portal de mi puerta?
¿Por qué no entras y platicamos de nuestros hastíos?
Ya no puedo soportar más verte ahí
de pie, esperando,
solapada en el umbral de mi puerta,
cavilando mi defunción,
tomando medidas
para el traje que habrás de hacerme en la mañana,
vestido de encajes como el de la niña muerta.
Y mamá llama a todos a comer.
Y todos comemos
y nos vamos de nuevo a jugar.
Y el cartero insinúa palabras
que se quedan en ciudades
donde mis manos juegan a ser niñas,
y niños que pronto descubren
la delicia del hastío,
y entonces viven para él,
se alimentan de él y lloran con él,
y penetran a solas
los lugares donde yo estuve hace mucho.
Vamos, entra,
¿no ves que me canso de hablar solo?
La puerta,
tu figura carmesí
en la sombra de mi puerta.
No entras, tienes miedo,
todos tenemos miedo:
las personas que buscan
el calzado de su medida en tiendas equivocadas,
los señores apurados
que no saben que el tren hace mucho ha partido
y que la estación de tren fue clausurada
por unas manos ilustres
y por eso el tren nunca más regresa,
y sus esposas se quedan esperándolos
al otro lado,
sin saber que nunca llegarán
porque el tren fue clausurado hace mucho.
Y sus hijos ya son grandes y van a la escuela
y la maestra les habla de la historia de los trenes
y los niños no saben
que esa es la historia de sus padres;
de las personas que buscan trajes a su medida
en las tiendas equivocadas
porque el tren fue clausurado.
Y los niños ya son abogados y arquitectos,
y tienen en su puerta una mujer indecisa.
Y uno de esos niños, ahora grande,
convertido en abogado y arquitecto,
levemente susurra, cada vez más audaz
-porque ahora ya es grande y fue a la escuela y creció solo-
susurra a la mujer,
a la mujer detenida en el umbral de su puerta:
-Por favor, entra, ¿no ves que triste y solo que me siento?
¿No quieres entrar?
¿Prefieres quedarte ahí en el umbral de mi puerta?
Y la mujer le responde:
-Me vengo fijando desde hace mucho,
y ser el instante -efímero y eterno-
es lo único que puedo darte.
Y entonces el muchacho, ahora grande,
compra un tiquete para el tren de las doce,
pues ha olvidado que su maestra le hablaba
de que habían clausurado los trenes.
IV
Hasta este punto llega mi hastío.
Hasta sus propios y desnudos límites de asfalto.
Solo sirvo para escribir que escribo,
para decir lo hastiado
que estoy de mí mismo.
Yo quisiera volver al mundo,
eso es todo lo que quiero.
Mundo, lejanía que se pierde.
No me encuentro,
no te veo, no veo a nadie
y la estación del tren está vacía.
¿Qué me pasa?
¿No será todo producto de estas líneas
que no saben tampoco dónde detenerse?
A veces solamente quisiera descansar,
sin estar obligado a escribirlo todo,
a pensarlo todo y a exprimirlo todo.
Palabras vacuas como todas las palabras.
Profetas de otros lugares
que a veces mi vista quisiera conocer,
pero si los conociera,
lo conocería todo y lo sabría todo,
y entonces el hastío sería otro.
El hastío de serlo todo
para siempre y hasta siempre:
dios seguro de lo que debe hacer,
dios al borde del pecado y siempre bajo control,
comprando en las tiendas correctas,
tomando el tren en punto
porque los trenes no estarían clausurados.
Y entonces podría decirte de nuevo:
-¿Quieres entrar,
o prefieres quedarte al borde del camino,
dónde el mundo ya no es mundo
y mis manos no lo alcanzan,
dónde el hombre está perdido
y sus pasos no se escuchan?
¿No vas a entrar?
Y tu voz no me responde
y me quedo solo a la orilla del mundo,
y nadie me espera al final de la estación,
y yo pregunto por qué los trenes tan vacíos y tan quietos
y el mío que no llega,
y tu piel que se aleja,
y yo me quedo fijo, esperando,
como si algo estuviera a punto de ocurrir,
pero nada pasa
porque los mundos fueron clausurados desde siempre.
Y yo fijo, mirando la estación, tu figura,
mi propia fijeza al borde de los cielos.
Y nada ocurre,
y todo gira y permanece como si algo nuevo
estuviera por fin a punto de ocurrir.
Pero todo quieto,
y nada.
Nada pasa por el mundo.
El poema completo es más extenso, pero para lo que nos ocupa, este fragmento es suficiente. 
Pues bien, la palabra fijeza la RAE nos la define como firmeza, seguridad de opinión, y seguidamente, como persistencia, continuidad. Pero “Fijeza de los trenes” no nos habla de eso exactamente. ¿De qué nos habla? ¿Fijar nuestro deseo en la nada o en la ausencia de lo deseado? ¿Nos habla de la estructuración de algo que niega lo que se es, que separa las raices que tiene en un afán de reinvntarse, de ser la raíz de lo que vendrá a partir del propio deseo? Pareciera que expresa la conciencia de que se quiera o no formamos parte de algo, y su fijeza genera horror al contraponerlo al deseo de la libertad, de lo que se piensa o desea que ella sea. O a lo mejor los versos dilucidan una lucha contra la rutina de lo cotidiano y la sumisión a las reglas sociales y a que sean otros lo que determinen lo que se puede hacer o no. Parece que se comenta desde la visión de la niñez o mejor que eso, desde el deseo de un niño. Vemos reflejado el horror de quedar fijo en un engranaje de la vida haciendo o siendo algo que no creemos que es lo que nos pertenece: ejecutar una tarea por imposición, por no haber podido llegar a tiempo a otra circunstancia, un momento espacio temporal, que nos hubiera dado más placer, que nos hubiera hechos más felices. Incluso habla del papel de la mujer: ella otorga ser fija en él, es decir estar allí para su realización, para que él se complazca. Vemos pues, una exposición de la conciencia de la vacuidad de los placeres mundanos, la evolución de los deseos: se vislumbra, más que con el entendimiento, con la percepción del deseo mismo, cuán insatisfechos quedamos aunque el placer de lo mundano cada vez sea mayor. No basta.
“Fijeza de los trenes” no nos habla de los trenes, ni siquiera de la fijeza, pues es el esbozo de un deseo que ha sido atisbado a través de la sublimación de la materia, en la que nos satisfacemos de manera primaria. ¿Pero es que hay algo mejor? es acaso la pregunta. Allí reside el poema, en ese deseo hacia mundos más elevados. No se nos muestra el camino, ni los medios, ni siquiera de qué se trata, pero se nos da el primer paso: ese deseo por algo más elevado.
¿Y el tren, y la fijeza? Supongamos que queremos ir de nuestra ciudad a una mejor, y que se llega en tren, como podría llegarse en autobús o en barco. Tenemos la certeza de lo fijo (los barcos, los autobuses, los trenes, es decir, el mundo físico), pero no la seguridad del viaje. Un ejemplo en comparación sencillo es ir a la luna: sabemos que ahí está, podemos verla. Otra cosa es el valor de hacer el viaje, pues no hay seguridad de llegar vivos. Pues bien, si en cambio deseamos de repente hacer un viaje hacia un “lugar” desconocido, en una “nave” desconocida, que no sabenos quien guía, la única fuerza que nos guía es querer hacer el viaje. Pero antes de querer hacer el viaje está el desear algo más que el mundo físico. Acaso es este el punto de “Fijeza de los trenes”: la sublimación verbal del deseo de cambio hacia algo más que lo material, en donde la mujer es parte fundamental del viaje en tanto completud. Pero luego viene lo demás, que es realmente el principio del camino, y saber que allí no hay el placer de una cena exquisita, ni el calor de dormir acurrucado bajo las sábanas o ganar un premio: todos estos son placeres mundanos, que no nos sacian realmente. Son ilusiones.
¿Y dónde está lo moderno? Es lo más sencillo: hay creciente conciencia en el mundo de que los placeres del ego son ilusorios.

domingo, 1 de abril de 2012

Los rostros de la poesía

Cuando nos enfrentamos a preguntas como ¿qué es la poesía? o ¿qué es es lenguaje?, no podemos dejar de pensar en consabidas frases como “el lenguaje poético en la obra de fulano”, con lo que se nos da un indicio de que una cosa y la otra no son lo mismo. Nada nuevo, casi todo el mundo lo sabe; otra cosa es qué tan consientes somos de la frontera entre ambos, si es que la hay, o en nuestros días definir qué es lenguaje. Citaremos algunos ejemplos: el lenguaje de señas, el lenguaje corporal, la matemática. Luego, ¿es posible la existencia de la poesía en tales lenguajes? Empecemos por el lenguaje de señas. Escribir en braille un poema no parece tan complicado como traducirlo al lenguaje de señas, pero a lo mejor este último resulta más natural que el primero, con lo que desembocamos en el lenguaje corporal, y allí fácilmente podríamos pensar que la poesía traducida al lenguaje corporal se convierte en danza. En nuestra breve lista está la matemática, que comúnmente se le llama el lenguaje de las ciencias, por lo que es posible descubrir poesía en ella, desde los poemas sencillos de la aritmética, la elegancia de la geometría, las maravillas del cálculo infinitesimal o las odas de los teoremas seriales.
En la presente vigilia nos abocaremos a otear la poesía de una isla lingüística, ya que no un fósil, hablada por una numerosa comunidad en no pocos países de Europa, Asia y América. Nos referimos al ladino, también llamado judeo-español. Hablado en Grecia, Bulgaria, Turquía, Marruecos e Israel, por citar algunos de los países en donde tiene presencia. Posee incluso un centro general, por decirlo de alguna manera, que es la Autoridad Nacional Ladina, en Israel. Tomaremos como ejemplo una poesía de Margalit Matitiaihu, poetiza israelí con una cuantiosa producción en ladino.
¿Qué nos ha llevado a esta idea? Pues bien, el ladino es una lengua nacida en España, y por ende, al leer los poemas y comprobar cuán similar es con el español, cabe preguntarse si su ritmo y musicalidad interna, su manejo de imágenes es asimismo similar, y con ello explorar de cerca otro de los rostros de la poesía, y ver de paso, qué ha sido de esa lengua que hace 520 años debió abandonar su lugar de origen para dispersarse por el mundo, allí donde fuese bien recibida.

Veamos entonces que descubrimos en el engranaje interno del poema La memoria, sirviéndonos del lenguaje de la música, que es parte inseparable del lenguaje hablado y que mediante la métrica propicia una especie de partitura poética. Así, igual que en una obra musical, es posible ver los temas de donde se hacen las variaciones. En nuestro intento usaremos aspectos meramente melódicos. Para empezar, contemos las sílabas por verso:


LA MEMORIA

Una mano de hesito espando a la memoria 14
atando en ella siete caballos feridos 13
saltando entre luz y tiniebla, 9

El tiempo 3
es una eluenga cortada, 8
enfrente de mi 5 + 1 = 6
se debate y desparece. 8

La memoria se espande, 7
deviene velas palpando, 8
yo me encolgo en ellas 6
entregandome a la direccion 9 + 1 = 10
del corriente foturo. 7

Supito 3
las linias del aver se vaciaron del oxigeno. 15 - 1 = 14

Mi puerpo viene acudir, 7 + 1 = 8
va teshendo una resha 7
por mantener a la memoria 9
en el momento de la caida. 10

Podemos ver que la métrica más usada es la octosilábica, que es asimismo una de las más comunes en la poesía española. De los dieciocho versos, siete pertenecen al denominado arte mayor, once al menor. Todo esto nos dice que aunque usa una versificación libre con la ausencia de rima propia del verso blanco, podemos rastrear elementos comunes a la tradición española.

Ahora intentemos ver cual es la música del poema, cuál es su melodía. Así que agrupemos los versos no tanto siguiendo lo propuesto por la agrupación gramatical y poética, sino por el fraseo connatural al lenguaje, siguiendo los parámetros que ya habíamos usado en el artículo, La secreta música de la poesía. Como entonces, hacemos una propuesta:


LA MEMORIA

Una mano de hesito* espando a la memoria *
atando en ella* siete caballos feridos*
saltando* entre luz y tiniebla.*
El tiempo *
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas
entregandome* a la direccion
del corriente foturo.
Supito *
las linias del aver*se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener a la memoria *
en el momento de la caida. *


Luego, reordenando los versos con nuestra propuesta de fraseo musical, tenemos:

LA MEMORIA

Una mano de hesito*
espando a la memoria *
atando en ella*
siete caballos feridos*
saltando*
entre luz y tiniebla.*
El tiempo*
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas entregandome*
a la direccion del corriente foturo.
Supito *
las linias del aver se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener a la memoria *
en el momento de la caida. *

Y finalmente, reduzcamos todo a la versificación del arte menor, que es la que hemos visto que predomina:

LA MEMORIA

Una mano de hesito*
espando a la memoria *
atando en ella*
siete caballos feridos*
saltando*
entre luz y tiniebla.*
El tiempo
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas
entregandome*
a la direccion
del corriente foturo.
Supito
las linias del aver
se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener
a la memoria *
en el momento
de la caida. *

Así, proponemos esta versificación como aquella raíz connatural al español y al ladino en versificación blanca y de rima libre.

Hasta la próxima vigilia.

La juive: los caminos del libre albedrío. I

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