martes, 20 de septiembre de 2011

La torre de Babel y la evolución del ego

En ese andar de lectores curiosos, tenemos a veces hallazgos felices, de insospechadas fuentes. Es este el caso de la obra literaria de Mariana Lev, que ya suma tres libros, hecho que nos ubica en el grupo de lectores que acaba de conocerla, y enhorabuena. Conocerla en persona fue asimismo recordarnos, como si Mariana fuese una parte nuestra que siempre ha estado allí, pero por alguna razón hacía tiempo habíamos olvidado, por lo que traerla a la memoria y dejar que las palabras entre nosotros restituyeran esa conexión que nos ata ineluctablemente, fue agregar un ladrillo más en el edificio que somos, como una torre, que busca llegar al cielo, con lo que nos ligamos finalmente a la temática de esta vigilia: La torre de Babel.

En su libro “De raíces y de alas” antes de llegar al poema Babel, tenemos el poema Otredad. Permítasenos empezar por aquí, por la otredad, que es, como todos saben, el quid de nuestro tema, reflejado en el egoísmo. He aquí el poema:

Otredad
1.
Cuántas mujeres fui
antes de ser yo?
De qué sombras,
de qué voces, de qué almas
nació ésta?
2.
Con la plegaria al viento
vas por el surco
hiriendo la hembra verde.

Sin detenerte
dejas que fluya
la gota bienhechora
por tu rostro
curtido de soles.

Eres campo
donde retoña
mil veces el alba.
Eres asombro transparente
y amasas estrellas
en la luna que crece.
3.
Me pierdo y encuentro
en la hembra
luminosa
nutricia,
comunión de piel y savia.
4.
Tengo un pacto
hecho en el silencio
de cada mañana.
Sin sangre
sin señas
sin promesas,
es solo un secreto
que compartimos
en la dulzura de los atardeceres
al final de un aguacero.

Hemos pactado
con tu tristeza valiente
con mi miedo,
y la esperanza
galopando en la sangre rebelde
porque soñamos los mismos sueños
estrujadas en milenios
de pesadumbre.

Mujer, mujer
hembra fecunda
infecunda
toma mi mano
-es la tuya-
y escucha
este eco de alas.
5.
Camino
desbocada
por un mundo impropio.
Sin fuerza en el alma
incapaz de comenzar
el vuelo solitario,
como un fantasma
disfrazado de mujer
me deslizo en el día.
6.
Puedo convertirme
en otra mujer de sal.
Con ojos vacíos de llanto
deshecha en el tiempo
inerte ante el horror
de todas mis preguntas.

El viento rasgará
este cuerpo
-estatua en el desierto-
pulverizando el alma
mientras callará por siempre
el grito de mis voces.
7.
Al filo de un abismo
caminaré siempre.
Nada es seguro
para mí,
ni el amor
ni el dolor.
8.
No hay candado
ni llave
pero intento salir
y no puedo.


Ahora, para los propósitos posteriores de nuestra vigilia, que serán dilucidados más adelante, haremos un pequeño ejercicio, un poco algebraico, para extraer algunos elementos que vamos a utilizar sobre el poema Babel. Así, yendo al grano, en el primer fragmento tenemos:

Cuántas mujeres fui
antes de ser yo?
De qué sombras,
de qué voces, de qué almas
nació ésta?

Mariana nos refiere un proceso de corrección de las almas: (¿Cuántas mujeres fui antes de ser yo?), es decir, un proceso que depura las almas en pos de una meta. Y ello implica (como veremos más adelante) la corrección de nuestro ego, es decir, el deseo en beneficio propio.
Luego, con exquisita finura, nos regala un lúdico fragmento, de aparente ambigüedad:

Mujer, mujer
hembra fecunda
infecunda
toma mi mano
-es la tuya-
y escucha
este eco de alas.

Observamos esa delicada yuxtaposición de ideas excluyentes, una armonía bitonal, si se reduce al binomio el análisis de los versos:

Mujer, mujer
hembra fecunda
infecunda
toma mi mano
-es la tuya-
y escucha
este eco de alas.

Veamos: (Mujer infecunda, toma mi mano)x(mujer, hembra fecunda, infecunda toma mi mano). Luego: en el segundo término y reordenando, podemos extraer: (mujer, hembra fecunda, toma mi mano infecunda)x(mujer, hembra fecunda, infecunda toma mi mano). Así, en el caso original, parece que la mujer infecunda toma la mano fecunda que se le ofrece, mientras en el reordenamiento, la mujer fecunda recibe una mano infecunda.
A esto hay que agregar: Mujer, mujer hembra fecunda, que con la repetición se vuelve exclamativo, pero al no haber una delimitación gramatical, infecunda queda irremediablemente unida, por lo que la mujer parece ser fecunda e infecunda al mismo tiempo. Puede verse como un proceso temporal, pues una mujer no es fecunda per se, sino luego del acto de fecundación.
¿Por qué mencionamos algo del conocimiento público? Pues bien, los sabios estudiosos de la Torá, hablan de que la letra hebrea ב (bet) no solo significa casa sino que, también significa mujer. Mariana Lev, consciente de antiguas ciencias preservadas en las tradición judía, hace uso a nivel simbólico de ella en su poesía: “Un hombre sin una casa no es un hombre” y “La casa del hombre es su esposa”, de lo que se desprende, “Un hombre sin una esposa, no es un hombre”.
Luego tenemos la mano, a la que se asocia la letra י (iud) que no por pequeña es menos que ninguna otra. El secreto de este punto es el poder del Infinito de contener el fenómeno finito dentro del Sí Mismo, y expresarlo en la realidad externa aparente. Es el principio de acción y reacción, lo que fecunda.
Otro detalle muy elegante de esta yuxtaposición que hemos tratado de explicar, es que en sí, no es del todo explicable, pues la idea es percibirla, como en realidad debe hacerse con la poesía, que se niega a entrar en la razón. Para ello no nos bastan nuestros cincos sentidos comunes (casi nos estorban) sino que es menester percibirla con el alma.
Pero antes de ir a Babel, veamos más en detalle este otro fragmento:

Puedo convertirme
en otra mujer de sal.

Mariana aquí, evidentemente, nos habla de la mujer de Lot, y con ello nos lleva de nuevo a la idea de la corrección del alma. ¿Y para qué es que tendríamos que corregir el alma? Pues bien, quizá en Babel encontremos alguna respuesta.


Babel

I

Babel era una cama enorme
carcelaria,
llena de ayes
y silencios extenuantes
derramados
entre almohadas secas.

La cama naufragaba
sostenida apenas sobre sí,
salida de la nada
y vuelta a ella
por todos los milenios,
en el infinito laberinto
de los gestos aprendidos.

Con su peso de adioses
y retornos
olorosa a los sudores
de ellos
de ellas,
entristecida y muda
Babel era una cama
demencial y trágica
como nosotros.

Una cama
-nos dijeron-
para ser
para amar
para envejecer
para morir
juntos.

Babel era el eterno presagio
De todas las confusiones.

II

Babel era la torre maldita
de nuestros sueños,
siempre trepando
a los cielos irreales.

Una telaraña quebradiza,
asesina de nuestros juegos.

La torre se erguía
poderosa en su miseria,
y nosotros
ingenuos aun
intentábamos subir
un sinfín de escalones,
mientras nos desintegraba
el aire gélido.

III

La torre era una cama
retorcida de crujidos
donde intentábamos
reinventar
entre siglos y sigilos
estos cuerpos maltrechos
cenicientos,
en una sola noche milenaria
en la duermevela
de los amantes primerizos
en la agonía ilimitada
de los desamores.

IV

Babel era el infierno
de nuestras voces sin eco.

Ahí buscamos
perpetuar
esta especie nefasta,
haciendo
deshaciendo
todas las palabras.

Cada noche
nos sumergimos
en nuestra cama,
escalamos nuestra torre
para hacer el milagro
que nos permitiera
hallar al fin
el verbo consagrado.

Pero fue inútil.

Solo repetimos
las odiosas rutinas
sin poder descifrar
los misterios
de la torre.

Cobijamos la carne
bajo el mismo manto
fantasmagórico
de nuestros padres,
remontamos las almas
por los sueños repetidos
sin agregar nada,
sin siquiera abrir
los propios cerrojos.

Nuestra Babel
era ya una pila de huesos
polvorientos
yaciendo inevitablemente
sobre las sábanas deshilachadas.

V

No hay en Babel
muerte o vida
solo esa nada
informe
pegajosa
de dos seres
intentando amarse
sin lograrlo jamás.

La torre
renace poderosa
sobre la esperanza hecha sangre.

El viento
se adueña de la cama
recién tendida
para los nuevos amantes.

Sin la fatídica certidumbre
de su derrota,
ellos también lo intentarán

Nosotros somos historia.



Si recordamos nuestra primera vigilia, en ella intentamos buscar la música propia de la poesía, manifestada en su estructura métrica, que determina la resonancia de la acentuación propia del lenguaje. Pues bien, en esta ocasión, le daremos una mirada al metalenguaje en la poesía de Mariana Lev. Encontramos en la Wikipedia la siguiente definición:

En lógica y filosofía del lenguaje, un metalenguaje es un lenguaje que se usa para hablar acerca de otro lenguaje.1 Al lenguaje acerca del cual se está hablando se lo llama el lenguaje objeto. El metalenguaje puede ser idéntico al lenguaje objeto, por ejemplo cuando se habla acerca del español usando el español mismo.2 Un metalenguaje a la vez puede ser el lenguaje objeto de otro metalenguaje de orden superior, y así sucesivamente. Distintos metalenguajes pueden hablar acerca de diferentes aspectos de un mismo lenguaje objeto.

En el caso que nos ocupa, nos enfrentamos al lenguaje poético, que sigue reglas distintas al lenguaje cotidiano. Luego tenemos la simbología cruzada propia de Mariana Lev, derivada de su experiencia y la simbología de la fuente de la que surge la idea del poema, es decir, la historia de la torre de Babel. Para fines prácticos, hemos obviado otros factores, como lo es el de la traducción cultural, etc. Recordarán que en el artículo “El corazón de la palabra” hablamos sobre la traducción (quien tiene la bondad puede encontrarlo en este blog) y la interpretación de lo que creemos que dice el original.
Así pues, dado el tema del poema, bien conviene descifrar su mensaje. ¿Qué significa la historia de la Torre de Babel? ¿Y esa presencia soterrada del egoísmo humano y la corrección en la obra literaria de Mariana Lev, a qué nos lleva? ¿Cómo conjugamos elementos tan heterodoxos en lo que, leído a la ligera, es un poema sobre una historia del Viejo Testamento, vertido de la Torá? ¿Qué tiene que ver aquella antigua historia con nosotros, con muestra actualidad?
Para empezar, hablemos del ego. El Dr. Michael Laitman, en su libro, “Torre de Babel: último piso”, nos dice:

En la antigüedad, el hombre era más cercano a la Naturaleza y trataba de mantenerse ligado a ésta. Había dos motivos para ello:
• El egoísmo no desarrollado aún no había distanciado al hombre de la Naturaleza, permitiéndole así sentirse como parte integral de ésta;
El insuficiente conocimiento de la Naturaleza provocaba temor hacia ella, obligando al hombre a considerarla como superior.
Por estas dos razones, el hombre aspiró no sólo a acumular el conocimiento sobre los fenómenos del mundo circundante, sino a conocer las fuerzas que lo gobiernan. La gente no podía esconderse de los elementos como lo hace hoy, evitando las fuerzas de la Naturaleza en un mundo creado artificialmente. Sus órganos sensoriales, aún no deformados o degenerados por la tecnología con- temporánea, eran capaces de sentir el mundo circundan- te con mayor profundidad. El miedo a la naturaleza y, simultáneamente, la proximidad a ella, impulsó al hombre a descubrir lo que ésta quería de él, si tenía alguna meta, y para qué creó los humanos. La humanidad aspiró a en- tenderlo tan profundamente como le era posible.

Pero, nos dice el Dr. Laitman en el desarrollo del libro, el egoísmo, como parte intrínseca a la naturaleza humana, fue evolucionando con el ser humano:

La evolución del egoísmo del hombre determina, define y, de hecho, diseña la historia completa de la humanidad. El egoísmo en desarrollo impulsa a los seres humanos a estudiar el medio ambiente para poder materializar los crecientes deseos egoístas. En contraste con lo inanimado, vegetativo y animado de nuestro mundo, los humanos evolucionan sin cesar en cada generación, y ocurre en cada individuo durante su breve existencia.
El egoísmo humano evoluciona en cinco niveles de intensidad. En la antigüedad, el hombre no era lo suficientemente egoísta para oponerse a la Naturaleza. La percibía a ésta y a todo lo que le rodeaba, y la sensación de reciprocidad era su forma de comunicación con ella. En muchos aspectos era hasta silencioso, como en la telepatía, en un cierto nivel espiritual. Este modo de comunicación toda- vía puede ser encontrado entre pueblos indígenas.
El primer nivel de crecimiento egoísta provocó una revolución en la humanidad. Esto creó un deseo de cambiar la Naturaleza por el propio bien del hombre, en vez de cambiar al hombre para hacerse similar a ella. Metafóricamente, este es descrito como un deseo de construir una torre que alcanza el cielo para dominar la Naturaleza.
El aumentado egoísmo arrancó al hombre de la Naturaleza. En vez de corregir la incrementada oposición a ella, el hombre se atrevió a imaginar que podría alcanzar al Creador egoístamente, no a través de la corrección del ego, sino que dominando todo.
Así, el hombre colocó su “yo” en contraste con el ambiente, opuesto a la sociedad y a las leyes de la existencia, en vez de percibir a los demás como similares y cerca- nos, y a la naturaleza como el hogar. El odio reemplazó al amor; las personas se alejaron entre sí, y la única nación del mundo antiguo fue dividida en dos grupos, los cuales se bifurcaron en este y oeste. Como consecuencia, cada grupo se dividió en muchas naciones, y hoy, de nuevo es- tamos siendo testigos del comienzo de un acercamiento y de una reconexión hacia una sola nación.

Bien, regresemos a Babel y a Mariana Lev. Pero antes refresquemos la historia de la torre de Babel, a la luz de las interpretaciones “oficiales”:
La Torre de Babel, en la tradición bíblica, es una construcción mencionada en el antiguo Testamento. Según algunas interpretaciones del capítulo 11 del Génesis los hombres pretendían, con la construcción de esta torre, alcanzar el cielo.
De acuerdo a la Biblia, el Señor, para evitar el éxito de la edificación, hizo que los constructores comenzasen a hablar diferentes lenguas, luego de lo cual reinó la confusión y se dispersaron por toda la Tierra.

En el libro que mencionamos del Dr. Laitman, él aclara el significado de la torre de Babel en estos términos:

La Torá describe esto alegóricamente (Génesis, 11:1-8) de la siguiente manera: “Y toda la tierra tenía una sola lengua y un solo discurso. Y aconteció, cuando viajaron al este, que encontraron una llanura en la tierra de Shinar; y allí se establecieron..., y dijeron: ‘Vamos, edifiquemos una ciudad, y una torre, con su cúspide en el cielo, y hagámonos un nombre famoso; por miedo de que seamos dispersados en el extranjero sobre la faz de toda la tierra’. Y el Señor descendió para ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres construyeron. Y el Señor dijo: ‘contempla, son un solo pueblo, y todos tienen una misma lengua; y esto es lo que comienzan a hacer; y ahora nada les será imposible, lo que se propongan hacer. Vamos, descendamos y confundamos su lengua, para que no puedan comprender el lenguaje del otro’. Entonces el Señor los dispersó desde allí en el extranjero, sobre la faz de toda la tierra; y dejaron de construir la ciudad”.
Flavio Josefo escribe que Nimrod instó a la gente a desafiar al Creador. Les aconsejó que construyeran una torre más alta de lo que las aguas pudiesen elevarse, por si el Creador enviase de nuevo una inundación, y así se vengarían del Creador por la muerte de sus antepasados. Sin escatimar esfuerzo alguno o entusiasmo, comenzaron a construir una torre. Al ver que la gente no se corrigió después de la lección de la inundación, el Creador causó que hablaran muchas lenguas. Por lo tanto, no se entendieron el uno al otro y se dispersaron. El lugar donde la torre fue construida fue llamada Babilonia, por haber sido el lugar donde las lenguas se mezclaron, en vez del único idioma que antes existió.
A principios del siglo 20, un arqueólogo alemán, Robert Koldewey, descubrió en Babilonia las ruinas de la torre de una dimensión equivalente a 90 x 90 x 90 metros. A su vez, Herodoto (aproximadamente 484-425 AEC) describió la torre como una pirámide de ese mismo tamaño con 7 niveles.
Las fuentes históricas dicen que en el centro de Babilonia se encontraba el templo de la ciudad Esagila, y cerca, el templo de la deidad suprema, Marduk, la Torre de Babel. Fue llamado Etemenanki, lo que significa la piedra angular del cielo y la tierra.
En aquel tiempo, Esagila era el centro religioso del mundo en la lucha contra la religión monoteísta. La astrología, los signos del Zodíaco y los horóscopos, la adivinación, el misticismo numerológico, el espiritualismo, la magia, la brujería, los hechizos, el mal de ojo, la invocación de malos espíritus, todos ellos fueron desarrollados en Esagila. Estas creencias todavía persisten, y en particular hoy somos testigos de su explosión definitiva.
Desde entonces, y durante los últimos 5,000 años, el hombre ha estado confrontando a la Naturaleza, el atributo del altruismo absoluto. En vez de corregir el siempre creciente egoísmo en altruismo, la humanidad ha erigido un escudo artificial para protegerse de ella. Para ayudar a salvaguardarse, la humanidad ha estado desarrollando la ciencia y la tecnología durante los últimos 5,000 años, y esta es, de hecho, la erección de la Torre de Babel. Así, en vez de corregirnos a nosotros mismos, queremos gobernar la naturaleza.
El egoísmo en la especie humana ha aumentado des- de entonces, y hoy en día es la culminación. La humanidad se ha desilusionado de llenar el egoísmo a través del desarrollo social o tecnológico. Hoy, comenzamos a darnos cuenta que desde el tiempo de la crisis en Babel, hemos forjado nuestro camino en vano.
Particularmente hoy, cuando reconocemos la crisis y el callejón sin salida de nuestro desarrollo, se puede decir que la confrontación del egoísmo con el Creador es, en realidad, la destrucción actual de la Torre de Babel. Antes, fue destruida por la Fuerza Superior, pero hoy está siendo demolida en nuestra propia conciencia, como si fuera por nosotros. La humanidad está dispuesta a confesar que el camino que eligió -compensar la oposición egoísta de la Naturaleza por la tecnología, en vez de corregir el egoísmo en altruismo-, nos conduce a un punto sin salida.

¿Y qué nos dice entonces Mariana Lev en su poema Babel? Le invitamos a que reconsidere su lectura, a que, más que desear aprehender algún significado con el uso de la razón, se decida a darle una oportunidad a su alma, al deseo que aspira a la corrección de egoísmo humano, y verá como los versos de Babel le hablan de otra manera, conectándolo de un nuevo modo.

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