viernes, 29 de abril de 2011

Parsifal en el siglo XXI



Hablemos de Parsifal, pero desde la perspectiva de alguien que lo explica a otro que no sabe de qué va el argumento, ni quién es Wagner, o conoce los textos literarios de la historia. Es decir, hacemos lo que propone Albert Einstein para explicar su teoría de la relatividad: hacerlo como quien explica como se fríe un huevo a alguien que no sabe que es un huevo, una sartén, aceite o una cocina.
Vamos a obviar el hecho de que muchos piensan que la ópera es un arte moribundo, anticuado e inútil en el mundo del siglo XXI. A esos les digo que no se dan cuenta que el problema no es la adaptación tecnológica (que es lo de menos) o la modernización de la puesta escénica, etc. El problema es la desorientación de la sociedad, el abrazo de un nihilismo a ultranza o un orgullo eufórico hacia el ateísmo, sin cuestionar lo que significa realmente. Pero agregar más palabras en esta dirección nos aleja del tema y nos hace demasiado subjetivos.
Antes de seguir, a quienes no tienen ni idea de Parsifal, los invito a leer el argumento en algún sitio de la Web, y les dejo una curiosidad que encontré, que menciona algo distinto sobre el Santo Grial:
http://www.apocatastasis.com/mundo-medieval-sociedades-secretas.php#axzz1Kua7Qn5o
Aunque la historia va de caballeros del Santo Grial, las cruzadas, la copa (Grial) y otros argumentos relacionados con el cristianismo, la esencia de todo la encontramos en los textos del Antiguo Testamento, y por tanto, tiene que ver asimismo con el Judaísmo y el Islam. Mucho se ha hablado de ello, así que ahorremos tiempo y vayamos a nuestro enfoque.
¿Quién, en nuestra desquiciada sociedad de consumo, dominada por el egoísmo, no ha probado la comida chatarra? Y sepan: hay gente que solo eso come. Aún más, hay sociedades en las que es casi el único alimento, ya sea por los altos costos de los productos frescos, la pereza o incapacidad de cocinar, la alienación de la publicidad y otros factores. Recordemos aquello de que el hombre es lo que come. En otras categorías de la sociedad no es diferente: literatura y música, por ejemplo, perteneciente a esa categoría que se denominaba cultura y que hoy es cada vez más un estorbo, algo demasiado caro e innecesario, que le quita dinero, por ejemplo, a la carrera armamentista,. Por otro lado, es mejor que el pueblo sea estúpido, por que así es más fácil manipularlo. Los anteriores son argumentos que podríamos considerar para explicar la apatía hacia la música clásica, o hacia autores como Tolstoi o Cervantes, etc. Pero hay más. Alguien podría demostrar, incluso con estudios de laboratorio, que esa apatía se debe al consumo excesivo de aspirina. Así hay políticas que nos dicen que la música clásica es elitista, para ricos. El problema es que (porque también hay música clásica mala) suele contener un alto grado de maestría técnica instrumental y literaria (en el caso de las obras con texto), que representan los pináculos del desarrollo artístico, en donde el arte es visto como una comunicación con algo superior (sí, sabemos que hay otras opiniones, pero son unas cuantas, y no de los mayores genios).
Parsifal pues, -estamos hablando del Parsifal de Wagner-, reúne en esencia, la tragedia humana, los valores de la caballería, el honor, la iniciación, y la búsqueda del conocimiento perdido para poder conectarse otra vez con el Creador. Así, el Grial, por más que se hable de un cáliz, no es más que ese cáliz (simbólicamente hablando) que los ángeles crearon de la esmeralda caída de la frente de Lucifer.
Ahora: ¿qué son los ángeles -y de paso, Lucifer? ¿Por qué esculpieron un cáliz en una esmeralda? ¿Por qué en una esmeralda?
Primeramente, es más fácil contar la historia con elementos sencillos.
Los ángeles, dicen los cabalistas, son fuerzas del mundo espiritual, como en el mundo material lo es la fuerza de gravedad. Lucifer vendría a ser una fuerza negativa, o mejor que eso, una fuerza en oposición al Creador. Si el Creador es el deseo de otorgar, y nosotros el deseo de recibir, Satanás (Hashatan) es la pulsión por recibir, es decir, que produce el deseo de recibir en beneficio propio. Lucifer no es ese ser con cuernos.
Luego, para caminar hacia el Creador, debemos corregir nuestro deseo de recibir en beneficio propio por el deseo de otorgar al Creador. Para ello requerimos receptores (vasijas) adecuados. De ahí viene lo del cáliz. ¿Y porqué en una esmeralda? La esmeralda simboliza entre otras cosas, el conocimiento de lo oculto, se relaciona con el subconsciente y la clarividencia: es el material justo para construir una vasija de recepción, un sexto sentido, para poder percibir el mundo espiritual. Esa vasija es en realidad nuestra alma.
Esperamos que ya puedan ver con propiedad esta maravillosa obra de Wagner. Les dejo un par de fotos con un par de amigos de la reciente producción de Colonia como ilustración, lo mismo que algunos enlaces de extractos musicales.
Hasta la próxima vigilia.



La juive: los caminos del libre albedrío. I

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